jueves, 15 de agosto de 2013

Bullying: un flagelo que es preciso conocer para que no se expanda

El fenómeno crece en el país. Sólo en Capital y Provincia se denunciaron más de 700 casos en el último semestre.

Bullying: un flagelo que  es preciso conocer para que no se expanda
El bullying u hostigamiento infantil definitivamente dejó de ser "cosa de chicos" y se convirtió en un fenómeno de violencia infantil que crece en la Argentina. 
El dramático caso en la localidad de Wilde conmocionó al país al mostrar cómo un joven con un retraso madurativo sufría acoso físico y verbal por parte de sus compañeros y devolvió el tema del bullying a la atención pública.
El joven recibió golpes y empujones por parte de sus compañeros. El ataque fue filmado y subido a la web. Su madre ya había denunciado a la Escuela Básica N° 23, de Wilde, pero hasta el momento no había obtenido respuestas.
Uno de los partícipes grabó con un celular el momento en que lo agredían y luego subieron el video a la web. En él se ve con claridad cómo Agustín es golpeado por un grupo de adolescentes, entre los que hay chicos y chicas. A la víctima se la ve inofensiva, defendiéndose de los golpes de sus compañeros y tratando de escapar, aunque no lo logra. De fondo, se oyen risas.
El acoso escolar (o bullying) es una forma común de violencia contra los niños. Según investigaciones de Unicef, entre el 50% y el 70% de los estudiantes en América Latina fueron acosados o bien testigos de incidentes de bullying. Si bien el maltrato escolar no es un fenómeno nuevo, recientemente la tecnología y las redes sociales multiplicaron exponencialmente el alcance y el impacto de este problema. El acoso cibernético (o cyberbullying) se lleva a cabo en internet y con teléfonos celulares y puede tener, como el acoso escolar, consecuencias negativas en la salud mental: el abuso de sustancias y hasta el suicidio.
En la Argentina, se calcula que el 15% de los niños y adolescentes está vinculado a casos de acoso escolar, ya sea como agresores o como víctimas. Al menos 240 mil niños y adolescentes argentinos son víctimas del bullying. "El 17% de ellos suele faltar a la escuela para evitar el maltrato, otro 10% sufre lesiones graves, y 7% intentó suicidarse a causa de la persecución permanente", precisó a Infobae la doctora Paola Spatola, ex diputada nacional y presidente del Centro de Estudios para la Convergencia Ciudadana.
Sobre el caso de Wilde, consideró que "se llega a este nivel creciente de bullying y acoso escolar porque los jóvenes van probando qué límites hay, y evidentemente tanto las autoridades de los colegios como los padres de los alumnos no están siendo claros y contundentes en esta materia. No hay educación sin sanción, ni sanción sin educación".
Sólo en los últimos seis meses de 2013, en las escuelas de la Ciudad y del conurbano bonaerense se denunciaron más de 780 casos de bullying, por lo que crece la preocupación por el aumento de esta forma de hostigamiento.
Así lo reveló un estudio de la recientemente creada ONG Bullying Sin Fronteras dirigida por el abogado Javier Miglino, quien explicó que "las denuncias que llegan a los juzgados vienen creciendo a un ritmo anual del 30%, y no sorprende para nada, porque en la Argentina estamos observando que hay un problema gravísimo con la violencia en los espacios educativos".
"En los últimos cuatro años, hubo seis casos de nenes fallecidos a partir de casos concretos de bullying. Dos hechos ocurrieron en este 2013, en Corrientes y Misiones. Lo que se visualiza es una mayor presencia de violencia física en las denuncias que llegan a la Justicia. Por eso, hay hechos gravísimos con niños lastimados, con consecuencias tremendas en sus vidas", insistió Miglino.
Del total de los casos denunciados según la ONG, 460 ocurrieron en la Ciudad de Buenos Aires y 320 en el Conurbano. El año pasado fueron más de 600 los episodios. Y vaticinan que "este año las cifras terminarán  por encima de los 800 casos".
"Pocas son las escuelas que se comprometen directamente con este fenómeno del bullying. Claramente la sociedad argentina tiende a miniminzarlo. Los padres y la sociedad en su conjunto deberían apostar por una educación democrática y no autoritaria, pero con reglas claras y límites justos. Debemos apelar a la sensatez y la responsabilidad de los medios de comunicación para avanzar en la autorregulación de ciertos contenidos. Esta es la prevención primaria, que constituye el primer dique de contención de los abusos escolares", agregó Spatola.   
"La Justicia pone muchísima voluntad en las denuncias, se involucra con los chicos y sus familias; sin embargo, los tiempos de respuesta son lentos en función de lo que requieren los denunciantes", señaló Miglino.
A lo que la licenciada Andrea Baldantoni, especialista en niños, adolescentes y familias de Hémera, centro de estudios del estrés y la ansiedad, agregó: "Un niño que se siente intimidado y maltratado por sus compañeros de forma repetida y sostenida, expuesto a agresiones físicas, verbales o sociales, es un niño en riesgo. El bullying es inaceptable,afecta al niño acosado, al acosador y al espectador".
"Los Estados actúan exactamente igual que la sociedad:minimizan el tema, y la realidad es que esta problemática traspasó todas las clases sociales, es un fenómeno global", destacó Spatola.
Y por eso este tiempo hipertecnológico y el uso masivo de las redes sociales por parte de jóvenes y adolescentes genera un nuevo fenómeno dentro del bullying, que es elciberacoso o ciberbullying.
En el esfuerzo por detener al bullying, es importante "fortalecer" emocionalmente a los chicos y prepararlos para que puedan resolver conflictos sin violencia y no ser "presa fácil" del maltrato.
A algunos chicos cuesta más herirlos que a otros. Ahora, ¿qué es lo que hace que un niño sea más vulnerable que otro frente a una situación de maltrato escolar? "La respuesta se encuentra en la capacidad de los niños para ser resilientes, en su empatía y en su capacitación emocional", explicó Baldantoni.  
Con frecuencia, en hogares cálidos y contenedores, es difícil para los niños ver que otras personas pueden lastimar a sus pares. Con las mejores intenciones, los padres hacen un esfuerzo para "mostrar el lado bueno de la vida, del mundo y las personas" y los chicos se desmoronan al darse cuenta de que las cosas no son tan así.
Los niños deben saber que a cualquier lado que vayan es factible encontrarse con niños y personas que pueden ser crueles. Es importante enseñar a nuestros hijos a "filtrar" las conductas de los otros, a discriminar entre lo que está bien y mal y no creer siempre en lo que los demás niños dicen. Un chico que está "emocionalmente preparado y ajustado" puede ponerse en el lugar del otro, registrar la "crueldad o el abuso" como algo externo y perjudicial y hacer algo al respecto.
La empatía y la resiliencia, dos ideas fundamentales
La empatía es la capacidad que tienen los chicos de ponerse en el lugar del otro, dereconocer las emociones de los demás y sintonizar con las señales que indican lo que los demás necesitan o desean. Es el poder reconocer las propias emociones y la de los demás; es una habilidad que se puede "ejercitar" y desarrollar. Preguntas como: "Si a vos te hicieran esto, ¿cómo te sentirías? ¿Cómo creés que se siente tu compañero?" pueden ayudar como puntos de partida.
La resiliencia, en tanto, es la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas o incluso fuentes importantes de estrés, ansiedad e incertidumbre. Que un niño sea resiliente no significa que no experimentará dificultades o angustia frente a una pérdida o trauma importante. Significa que tiene la capacidad para seguir adelante, para aprender de lo acontecido, rescatar los recursos internos que lo ayudaron a resolver la situación y a fortalecerse en el proceso.